October 27, 2014

Planetary # 7 - Warren Ellis & John Cassaday

A funeral is the perfect opportunity to say goodbye. However you do not say goodbye to a person that is already gone, you simply bid farewell to the idea and the memories of the deceased. A funeral can also be the last chance you have to try to understand who that person was and why did their life mattered.

“To Be In England, In the Summertime” (published in January 2000) begins with the funeral of Jack Carter. A British bloke, an unrelenting smoker, a manipulative magician well versed in the dark arts. Certainly, Jack Carter is a reinterpretation of Alan Moore’s creation John Constantine. However his funeral is not about coming to terms with his death, but rather a meaningful way to reexamine the narrative of the 80s, to ascertain if it still remains valid or it needs updating.

When Elijah Snow, Jakita Wagner and Drummer walk into the cemetery, they immediately stumble upon some of the 80s vestiges. Sitting on a bench, we can clearly see Death of the Endless, and a peculiar amalgamation of Sandman with his own author Neil Gaiman. 

Of course, there are many other refugees from the 80s attending the funeral. Perhaps the most prominent would be an alternative version of Grant Morrison’s Animal Man and a fusion between Alan Moore’s Swamp Thing and Poison Ivy. If you think clearly and objectively about the 80s, you will realize very quickly that it was a glorious decade for the 9th art. The American comic book industry blossomed thanks to the presence of British writers that revolutionized the superhero genre. 
the cemetery / el cementerio

I’ve often wondered what was it about the 80s that inspired so many writers. For Warren Ellis, the political scenario provides more than enough enlightenment. The United States had substantial problems, but England was facing a serious debacle. In real life, Margaret Thatcher alienated England’s brightest writers. Alan Moore, Grant Morrison and Neil Gaiman publicly expressed their disappointment in the Iron Lady. Warren Ellis also shares his point of view: “She wanted concentration camps for AIDS victims, wanted to eradicate homosexuality even as an abstract concept, made poor people choose between eating and keeping their vote […] England was a scary place. No wonder it produced a scary culture”.

Time has passed and the question remains. Have these characters adapted to the new era or are they still stuck in the 80s? They are like an uncomfortable testimony that corroborates the ugliness of the past. A past that is still as mysterious as ever. So much, in fact, that Elijah Snow and the rest of the group decide to investigate Carter’s death, suspecting that he might have faked his own demise. 


During their forensic procedure, they run into a strange superhero, perhaps the quintessential American superhero: a square-jawed adventurer, a traditional do-gooder… until the arrival of the 80s. Because if we pause for a moment to remember what the 80s meant for most superheroes, then we will realize that important changes were happening in that era. British authors transformed one-dimensional characters into complex individuals, with rich personalities; they eliminated the concept of purity and undisputed goodness, and added a much necessary darkness to balance things out. Obviously, many readers complained about it. They wanted their heroes to return to the idealistic although childish standards of the past. 

Dream (Sandman) & Death

The anonymous superhero of this tale is an enraged man, someone who misses the clean and simple years of decades long gone. Instead of a classic superhero, in the 80s he was turned into something else. His history was rewritten and as a consequence his origin was modified: “I liked my life! There was nothing wrong with me! I wasn’t hip, I wasn’t trendy, I wasn’t edgy, and you know what? That was okay! I didn’t need the split personalities, the nervous breakdown, the shift in sexual orientation, my life being a lie”, he yells at Snow. It’s revealed that he had been photographed with underage male prostitutes by Jack Carter. Revenge, of course, was inevitable. 

In the final pages Jack Carter reappears and kills this nameless superhero in cold blood. Although Carter has changed. Like he says, the 80s are dead. It’s time to embrace the future. And he erases those aspects that made him similar to John Constantine, and adopts a new look, almost identical to Spider Jerusalem, the protagonist of Warren Ellis impressive “Transmetropolitan” series.


John Cassaday’s art is absolutely amazing. We have dark and ominous moments, like the page that shows the protagonists entering into the cemetery; and we also have brighter and more powerful scenes, like the page that includes the sons and daughters of the 80s (I must highlight the fantastic design of the Swamp Thing / Poison Ivy hybrid and the alternative Animal Man). One of the best artists of the industry leaves his mark in a very creative story about the impact the 80s “British invasion” had on the superhero genre.

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Un funeral es la oportunidad perfecta para decir adiós. Sin embargo, no le dices adiós a la persona que ya no existe, simplemente te despides de la idea y las memorias del fallecido. Un funeral también puede ser la última oportunidad para tratar de entender quién era esa persona y por qué su vida era importante.

Alternative versions of Animal Man and Swamp Thing / versiones alternativas de Animal Man y Swamp Thing

“Estar en Inglaterra, en el verano” (publicado en enero del 2000) empieza con el funeral de Jack Carter. Un sujeto británico, un fumador empedernido, un mago manipulador inmerso en las artes oscuras. Ciertamente, Jack Carter es una reinterpretación de la creación de Alan Moore, John Constantine. Sin embargo su funeral no tiene como objetivo aceptar su muerte, sino más bien reexaminar de manera significativa la narrativa de los 80s, para determinar si aún es válida o si necesita actualizarse.

Cuando Elijah Snow, Jakita Wagner y Drummer caminan por el cementerio, inmediatamente encuentran algunos vestigios de los 80s. Sentados en una banca, podemos ver claramente a Muerte, de los Eternos, y una peculiar amalgama de Sandman con su propio autor Neil Gaiman. 


Desde luego, hay muchos otros refugiados de los 80s que asisten al funeral. Tal vez los más prominentes serían la versión alternativa del Animal Man de Grant Morrison y una fusión entre el Swamp Thing de Alan Moore y Poison Ivy. Si piensan clara y objetivamente sobre los 80s, se darán cuenta muy rápidamente de que fue una década gloriosa para el noveno arte. La industria estadounidense del cómic floreció gracias a la presencia de escritores británicos que revolucionaron el género de los superhéroes.
Jack Carter = John Constantine

Me he preguntado a menudo por qué los 80s inspiraron a tantos escritores. Para Warren Ellis, el escenario político proporciona una aclaración más que suficiente. Los Estados Unidos tenían problemas sustanciales, pero Inglaterra estaba enfrentando una seria debacle. En la vida real, Margaret Thatcher alienó a los más brillantes escritores ingleses. Alan Moore, Grant Morrison y Neil Gaiman expresaron públicamente lo decepcionados que estaban con la Dama de Hierro. Warren Ellis también comparte su punto de vista: “Ella quería campos de concentración para las víctimas del SIDA, quería erradicar la homosexualidad incluso como un concepto abstracto, hizo que la gente pobre eligiera entre comer y seguir votando […] Inglaterra era un lugar que daba miedo. No es extraño que produjera una cultura que daba miedo”.


El tiempo ha transcurrido y la pregunta permanece. ¿Estos personajes se han adaptado a la nueva era o aún siguen atascados en los 80s? Ellos son como un incómodo testimonio que corrobora la fealdad del pasado. Un pasado que aún es tan misterioso como antes. Tanto que, de hecho, Elijah Snow y el resto del grupo deciden investigar la muerte de Carter, sospechando que él podría haber fingido su deceso.


Durante este procedimiento forénsico, ellos encuentran a un extraño superhéroe, tal vez la quintaesencia del superhéroe norteamericano: un aventurero de quijada cuadrada, un bienhechor tradicional... hasta la llegada de los 80s. Porque si nos detenemos por un momento para recordar lo que los 80s significaron para la mayoría de los superhéroes, entonces nos daremos cuenta de los importantes cambios que ocurrieron en esa era. Los autores británicos transformaron personajes unidimensionales en individuos complejos, con personalidades ricas; eliminaron el concepto de la pureza y la bondad indiscutible, y añadieron una muy necesaria oscuridad para equilibrar las cosas. Obviamente, muchos lectores se quejaron al respecto. Ellos querían que sus héroes regresen a los estándares idealistas aunque infantiloides del pasado. 


El superhéroe anónimo de este relato es un hombre enfurecido, alguien que añora los años limpios y simples de décadas pasadas. En vez de un superhéroe clásico, en los 80s él fue convertido en algo distinto. Su historia fue rescrita y como consecuencia su origen fue modificado: “¡Me gustaba mi vida! ¡No tenía nada de malo! Yo no estaba a la moda, ni marcaba tendencias, no era innovador, ¿y saben qué? ¡Así estaba bien! No necesitaba una personalidad dividida, la crisis nerviosa, el cambio de orientación sexual, mi vida convertida en una mentira”, le grita a Snow. Se ha revelado que Jack Carter lo había fotografiado con chicos prostitutos menores de edad. La venganza, por supuesto, era inevitable. 

En las páginas finales, Jack Carter reaparece y mata a sangre fría a este superhéroe sin nombre. Aunque Carter ha cambiado. Como él dice, los 80s han muerto. Es momento de aceptar el futuro. Y él borra aquellos aspectos que lo asemejaban a John Constantine, y adopta una nueva apariencia, casi idéntica a la de Spider Jerusalem, el protagonista de la impresionante serie de Warren Ellis “Transmetropolitan”.


El arte de John Cassaday es absolutamente asombroso. Tenemos momentos oscuros y ominosos, como la página que muestra a los protagonistas entrando en el cementerio; y también tenemos escenas más luminosas y poderosas, como la página que incluye a los hijos e hijas de los 80s (debo resaltar el fantástico diseño del híbrido Swamp Thing / Poison Ivy y el Animal Man alternativo). Uno de los mejores artistas de la industria deja su huella en una historia muy creativa sobre el impacto que tuvo la “invasión británica” de los 80s en el género superheroico.


October 20, 2014

The Legion # 6, 7 & 8 - Abnett, Lanning & Coipel

Still reeling from the shock of recent events, the legionnaires decide to confront Earth’s president, a man who has ruined the government’s reputation and violated the laws of the United Planets. And that’s the beginning of “Terror Incognita”, a 3 part odyssey that chronicles the showdown between the Legion and Ra’s Al Ghul.

“Terrorform” (published in The Legion # 6, May 2002) shows the scope of Ra’s Al Ghul’s plans, an immortal man who has been preparing the destruction of humankind for centuries. After exterminating all humans, the Head of the Demon plans to replace them “with something infinitely better”. 

The legionnaires defeat the Oversight Watch, an elite mercenary team designated to protect the president. However, Ra’s Al Ghul manages to outsmart the Legion. An understandable victory if one remembers that two thousand years ago, this villain had battled hundreds of times with Batman as well as with the world’s greatest superheroes. Meanwhile, in Xanthu, Star Boy and Xs realize that Robotica’s Baseworld is heading towards another sector of the galaxy, a fact confirmed by Dreamer’s precognitive abilities. 

In “Fear of Change” (The Legion # 7), the second chapter, Kid Quantum, Cosmic Boy, Ultra Boy, Leviathan, Brainiac 5, Chameleon, Shikari, Gates and Triad try to do everything they can to prevent the terraforming of Earth. The evolutionary challenge presented by Ra’s Al Ghul is a tough one. Outclassed and overwhelmed by the attack of the Head of the Demon, the legionnaires fight desperately.

The final battle between the Legion and Ra’s Al Ghul takes place in “Hypersapiens” (The Legion # 8). Without his Oversight Watch and the assistance of the mysterious Venge, the Head of the Demon realizes that it’s time for him to actively participate in the struggle. And so he does. Dan Abnett and Andy Lanning designed an amazing fighting choreography in which Ra’s Al Ghul defeats most of the legionnaires; and just like Batman, his nemesis, he uses only his superior intellect and his agility. 
The Legion challenges the president / la Legión reta al presidente


Cosmic Boy helps Brainiac 5 / Cosmic Boy ayuda a Brainiac 5
Personally, this is one of my favorite moments. The physical confrontation is not what really matters here but rather the mental duel between the galaxy’s favorite sons and daughters and an immortal man who is fed up with humanity. Ra’s Al Ghul knows exactly when and how to strike, and using only the strength of an average human he manages to subjugate Shikari, Chameleon, Cosmic Boy, Leviathan, Ultra Boy and Kid Quantum. Sequences like this surely inspired writers like Brad Meltzer, who in “Identity Crisis” also described how a human villain (Deathstroke) could overthrow the entire Justice League of America. In any case, it’s one of the best action scenes I could remember.

Finally, M’Onel engages in combat with Ra’s Al Ghul. For an entire year, the Daxamite had been following the orders of the Head of the Demon, disguised as the president of the world. Now he isn’t taking orders anymore. And he’s angry enough to defeat Batman’s archenemy. 

The timely arrival of Legion World and the rest of the legionnaires allows the Legion to stop the Moon from colliding against our planet. Of course, “Terror Incognita” wouldn’t have been as impressive without the amazing art by Olivier Coipel. Coipel emphasizes the iconic nature of the heroes of the 31st century, while retaining a fresh and youthful atmosphere. His dominion over composition is made evident, for instance, in the fight between Ra’s Al Ghul and the legionnaires. And at last, but not least, I would like to mention his spectacular covers, from a delightfully villainous image in issue # 6, with the legionnaires crushed by the immortal’s fist, to a simple and yet effective concept in issue # 7, and to the incredible confrontation in issue # 8. 
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The Legion with the Science Police / la Legión con la Policía Científica

Aunque apenas se han recuperado del impacto de eventos recientes, los legionarios deciden confrontar al presidente de la Tierra, un hombre que ha arruinado la reputación del gobierno y violado las leyes de los Planetas Unidos. Y ese es el comienzo de “Terror Incognita”, una odisea en 3 partes que relata la lucha entre la Legión y Ra’s Al Ghul.

“Terrorform” (publicado en "The Legion" # 6, mayo de 2002) muestra qué tan ambiciosos son los planes de Ra’s Al Ghul, un inmortal que ha estado preparando la destrucción de la humanidad por siglos. Después de exterminar a todos los humanos, la Cabeza del Demonio planea reemplazarlos “con algo infinitamente mejor”. 

Los legionarios derrotan a la Oversight Watch, una agrupación de mercenarios de élite designada para proteger al presidente. Sin embargo, Ra’s Al Ghul se las arregla para vencer a la Legión con su astucia. Una victoria comprensible si uno recuerda que hace dos mil años este villano había batallado cientos de veces con Batman así como con los más grandes superhéroes. Mientras tanto, en Xanthu, Star Boy y Xs se dan cuenta de que el Mundo Base de Robotica se dirige hacia otro sector de la galaxia, un hecho confirmado por las habilidades pre-cognitivas de Dreamer.

En “Miedo al cambio” (The Legion # 7), el segundo capítulo, Kid Quantum, Cosmic Boy, Ultra Boy, Leviathan, Brainiac 5, Chameleon, Shikari, Gates y Triad intentan hacer todo lo posible para impedir que la Tierra sea terraformada. El reto evolucionario presentado por Ra’s Al Ghul es difícil. Sobrecogidos y abrumados por el ataque de la Cabeza del Demonio, los legionarios pelean desesperadamente.
Ra's Al Ghul defeats the legionnaires / Ra's Al Ghul derrota a los legionarios

La batalla final entre la Legión y Ra’s Al Ghul ocurre en “Hypersapiens” (The Legion # 8). Sin la Oversight Watch y sin la ayuda del misterioso Venge, la Cabeza del Demonio constata que es momento de participar activamente en la lucha. Y eso es lo que hace. Dan Abnett y Andy Lanning diseñaron una asombrosa coreografía de pelea en la que Ra’s Al Ghul derrota a la mayoría de los legionarios; y al igual que Batman, su némesis, él usa solamente su intelecto superior y su agilidad. 
M'Onel versus Ra's Al Ghul

Personalmente, este es uno de mis momentos favoritos. La confrontación física no es lo que más importa aquí sino más bien el duelo mental entre los hijos e hijas favoritos de la galaxia y un inmortal que está harto de la humanidad. Ra’s Al Ghul sabe exactamente cuándo y cómo atacar, y usando solamente la fuerza de un humano promedio se las arregla para subyugar a Shikari, Chameleon, Cosmic Boy, Leviathan, Ultra Boy y Kid Quantum. Secuencias como esta seguramente inspiraron a escritores como Brad Meltzer, quien en “Identity Crisis” también describe cómo un villano humano (Deathstroke) podría derrotar a toda la Liga de la Justicia de América. En cualquier caso, es una de las mejores escenas de acción que puedo recordar.

Finalmente, M’Onel combate contra Ra’s Al Ghul. Por todo un año, el daxamita había estado siguiendo órdenes de la Cabeza del Demonio, quien se disfrazó como el presidente del mundo. Ahora ya no sigue órdenes de nadie. Y está lo suficientemente furioso como para vencer al archienemigo de Batman.

La oportuna llegada del Mundo Legion y el resto de los legionarios facilita que la Legión impida que la Luna choque con nuestro planeta. Por supuesto, “Terror Incognita” no hubiese sido tan impresionante sin el asombroso arte de Olivier Coipel. Coipel enfatiza la naturaleza icónica de los héroes del siglo XXXI, al tiempo que retiene una atmósfera fresca y juvenil. Su dominio sobre la composición se hace evidente, por ejemplo, en la pelea entre Ra’s Al Ghul y los legionarios. Y, por último, me gustaría mencionar sus espectaculares portadas, desde una imagen deliciosamente villanesca en el # 6, con los legionarios aplastados por el puño del inmortal, hasta un concepto simple pero efectivo en el # 7, y hasta la increíble confrontación del # 8.

October 14, 2014

Sandman Overture # 3 - Neil Gaiman & J.H. Williams III

Writing about the Endless would have been an impossible task for most writers. Perhaps it was also a difficult task for Neil Gaiman himself, right at the very beginning, when only Morpheus would grace the pages of “The Sandman”. The family portrait would not be seen until several issues after the inaugural chapter.

The Endless are the immortal notions that rule the lives of all living creatures throughout the universe. Dream, Death, Destiny and the others have outlived gods and galaxies. So as a writer it could be very complicated to think of possible threats and challenges for the Endless. Is fear a possibility for someone who has existed since the beginning of time? What could worry Morpheus? Certainly not death: “I did not die because I do not live. Not in any way that you understand”.

Perhaps the fears of the Dreamlord have more to do with his own desires than anything else. “The Floating Word Scratches” takes the reader into a strange land visited by the protagonist and his cat. There, they find a little girl whose father has been killed and they decide to make of her a travel companion.

It is during this journey when Morpheus remembers his painful past and how he was temporarily apprehended by two powerful gods that tried to invade his kingdom. Trapped and desperate, the Lord of Dreams holds the vigil of his brothers and sisters, but most don’t even answer his call. Delight does, but she is at war with herself, losing her own mind and about to change into Delirium. Desire answers and explains that all she can do is play with his brother’s intimate desire, and so she gives him a lover, a lady of light that helps Morpheus escape. Together, as a couple, they triumph over the conquering gods. But after victory, love between them becomes more and more tenuous. They both have wishes, and their hearts desires are not in synchrony. Eventually, Morpheus must make a hard decision: to exile the woman who saved his life.

Fear and pain, therefore, are part of the life of an Endless. Neither fear of death, nor physical pain, but something far more profound and profane. Because for an immortal, a broken heart can last longer than the glow of the sun.
different artistic styles / estilos artísticos diferentes

In this third chapter, the entire universe is preparing for the ultimate war. Perhaps to prevent it or simply to understand its reasons, Morpheus is now heading to the City of Stars. Therein he might find something quite frightening: the possibility of a family reunion.

Waiting several months for the next issue of Sandman Overture makes perfect sense when one admires the gorgeous pages of J.H. Williams III. There is such an exquisite level of details side by side with amazing graphic experimentation. Furthermore, in some pages Williams seems to be able to channelize the style of legendary artists such as Bernie Wrightson, Moebius, Alex Ross and Burne Hogarth, among others. 

Turning frames into part of the visual narrative is also a great idea. And the double page format certainly does lend strength to Williams proposal. Certainly, violence is also beautifully rendered by the artist as we can see on the pages that show the skirmish between Sandman and a couple of aliens that have eviscerated the little girl’s father. Finally, the landscape and the giant holding everything together, like a modern and extraterrestrial Atlas, was a strong and unforgettable illustration, and I consider it a true example of artistic imagination.
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clever use of frames / ingenioso uso de viñetas

Escribir sobre los Eternos habría sido una tarea imposible para la mayoría de escritores. Tal vez también fue una tarea difícil para el propio Neil Gaiman, justo al comienzo, cuando sólo Morpheus agraciaba las páginas de “The Sandman”. El retrato de la familia no sería visto sino hasta varios números después del capítulo inaugural.

Los Eternos son las nociones inmortales que gobiernan las vidas de todas las criaturas vivientes del universo. Sueño, Muerto, Destino y los demás, han sobrevivido dioses y galaxias. Así que como escritor podría ser muy complicado pensar en posibles amenazas para los Eternos. ¿Es el miedo una posibilidad para alguien que ha existido desde el inicio del tiempo? ¿Qué podría preocupar a Morpheus? Ciertamente no la muerte: “No morí porque no vivo. No de una manera que tú podrías entender”.
an eviscerated alien / un alienígena eviscerado 

Tal vez los miedos del Amo de los Sueños tienen más que ver con sus propios deseos que con otra cosa. “El mundo flotante rasca” lleva al lector a una extraña tierra visitada por el protagonista y su gato. Allí, encuentran a una niña cuyo padre ha sido asesinado y deciden hacer de ella una compañera de viaje.

Es durante este viaje que Morpheus recuerda su doloroso pasado y cómo fue temporalmente apresado por dos poderosos dioses que intentaron invadir su reino. Atrapado y desesperado, el Amo de los Sueños sujeta el amuleto de sus hermanos y hermanas, pero la mayoría ni siquiera responde a su llamado. Delicia lo hace, pero ella está en guerra consigo misma, perdiendo su cordura y a punto de convertirse en Delirio.Deseo responde y explica que lo único que ella puede hacer es jugar con el deseo íntimo de su hermano, así que le da una amante, una dama de luz que ayuda a Morpheus a escapar. Juntos, como pareja, triunfan sobre los dioses conquistadores. Pero después de la victoria, el amor entre ellos se hace más y más tenue. Ambos tienen deseos, y el deseo de sus corazones no está en sincronía. Eventualmente, Morpheus debe tomar una difícil decisión: exiliar a la mujer que salvó su vida.

Miedo y dolor, por lo tanto, no son parte de la vida de un Eterno. Ni el miedo a la muerte, ni el dolor físico, sino algo más profundo y profano. Porque para un inmortal, un corazón rato puede durar mucho más que el brillo de un sol.
an impossible journey / un viaje imposible

En este tercer capítulo, el universo entero se prepara para la guerra definitiva. Tal vez para prevenirla o simplemente para comprender sus razones, Morpheus se dirige ahora a la Ciudad de las Estrellas. Allí podría encontrar algo bastante aterrador: la posibilidad de una reunión familiar.

Esperar varios meses hasta el próximo número de Sandman Overture tiene sentido cuando uno admira las preciosas páginas de J.H. Williams III. Hay un exquisito nivel de detalles al lado de una asombrosa experimentación gráfica. Más aún, en algunas páginas Williams parece capaz de canalizar el estilo de artistas legendarios como Bernie Wrightson, Moebius, Alex Ross y Burne Hogarth, entre otros. 

Convirtiendo viñetas en parte de la narrativa visual es también una grandiosa idea. Y el formato de página doble ciertamente añade fuerza a la propuesta de Williams. Ciertamente, la violencia también está hermosamente retratada por el artista tal como podemos ver en las páginas que muestran la escaramuza entre Sandman y un par de alienígenas que han eviscerado al padre de la niña. Finalmente, el paisaje y el gigante que lo sostiene todo, como un Atlas moderno y extraterrestre, fue una poderosa e inolvidable ilustración, y la considero un verdadero ejemplo de imaginación artística.

October 9, 2014

The Walking Dead # 1-6 - Robert Kirkman & Tony Moore

I grew up reading post-apocalyptical stories. I took a special pleasure in reading sci-fi novels or short stories about life after the great disaster, but I was also tremendously captivated by comic books that would explore this fascinating subject. I’m remembering extraordinary classics such as “Hombre” (which was published in the pages of “Cimoc”), written by Antonio Segura and with art by José Ortiz, or “Survival” (published in “Eagle”), written by Barrie Tomlinson and also illustrated by José Ortiz.

So, at least for me, the concept of a great disaster (a virus, a nuclear war, a zombie apocalypse) has always been a part of my usual readings. Let’s add to that the fact that I absolutely love zombie movies and you might probably be wondering why I wasn’t reading The Walking Dead back in 2003. A decade ago I wasn’t too keen on Image titles, so I totally missed out on the debut of Robert Kirkman’s most successful franchise.

As you can imagine, Kirkman is a zombie movies fan too. So much, in fact, that his initial draft for The Walking Dead was pretty much a remake of George A. Romero’s “Night of the Living Dead” (the original 1968 version). I wonder, sometimes, if the idea of having a series in black and white wasn’t also a homage to the master of horror (but then again, we all know that black and white was a much more affordable option than full color). 

Nevertheless, the first chapter of “Days Gone Bye” (published in October 2003) establishes a post-apocalyptical outcome from the very beginning. Instead of relying on the emotion of starting in media res, as most zombie movies do, we get to see the world as it is after the great tragedy has occurred. Rick Grimes, the protagonist, has been in a comma for weeks. When he wakes up, he finds himself in an abandoned hospital (much like Cillian Murphy in Danny Boyle’s outstanding “28 Days Later”). It doesn’t take him long to realize there is something wrong going on.

Since the series had just started and Kirkman had no idea if sales would be good, he knew he had to tell a story as fast as possible. So it isn’t surprising that Rick finds his wife Lori and his son Carl in the second issue. And what took the TV series almost two seasons, id est, the conflict between Rick and his best friend Shane, who had been taking care of Lori in more than one way, is resolved here in the final pages of the sixth issue. In general, these issues have a lot of action and plot development, clearly, there is nothing here that feels slow or decompressed.

I’ve been reading The Walking Dead on and off for a few years now, and I think one of Kirkman’s greatest accomplishments is the way he makes his characters evolve. In these first issues, Rick is naïve, slightly clumsy, too sensitive. But as things grow darker, he will change considerably. It’s also interesting to see characters like Dale or Andrea who are first presented merely as part of the secondary cast, long before they acquire protagonic roles.

The first six issues of the series were drawn by Tony Moore, a talented artist that captured flawlessly the horror elements of a world conquered by a zombie plague. There are some brilliant pages, especially those showing large agglomerations of zombies. 

In the introduction of the first volume, Kirkman explains his intentions: “I want to explore how people deal with extreme situations and how these events change them”. Perhaps that, in a nutshell, is the essence of The Walking Dead, not the rotten corpses, not the flesh-eating zombies, not the gore, the blood or the guts, but rather the reaction of normal people in completely abnormal circumstances. Furthermore, like the best zombie movies, The Walking Dead makes us question our society. In that regard, Kirkman is faithful to the legacy of Romero and his saga of the living dead. 

There is, however, one point that I’ve never felt too convinced about, and it is the length of the series. “The Walking Dead will be the zombie movie that never ends”, affirms Kirkman. And today, after 130 issues it has become clear for many fans that the comic book is suffering from a certain fatigue, so much in fact that now the TV series is tremendously more intense and provocative than the original material.
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Crecí leyendo historias post-apocalípticas. Para mí era un gran placer leer novelas o cuentos de ciencia ficción sobre la vida después del gran desastre, pero también estaba tremendamente cautivado por los cómics que exploraban este fascinante tema. Recuerdo clásicos extraordinarios como “Hombre” (publicado en las páginas de “Cimoc”), escrito por Antonio Segura y con arte de José Ortiz, o “Survival” ("Superviviente" publicado en “Eagle”), escrita por Barrie Tomlinson y también ilustrada por José Ortiz.

Así que, al menos para mí, el concepto de un gran desastre (un virus, una guerra nuclear, un apocalipsis zombi) siempre ha sido parte de mis lecturas habituales. Añadamos a eso el hecho de que las películas de zombis me encantan y ustedes probablemente se preguntarían por qué no estaba leyendo "The Walking Dead" en el 2003. Hace una década no valoraba mucho los títulos de Image, así que me perdí por completo el debut de la franquicia más exitosa de Robert Kirkman.

Como pueden imaginarse, Kirkman también es fan de las películas de zombis. Tanto, de hecho, que su borrador inicial para “The Walking Dead” era básicamente un remake de “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero (la versión original de 1968). A veces me pregunto si la idea de realizar una serie a blanco y negro no fue también un homenaje al maestro del terror (claro que todos sabemos que el blanco y negro era una opción mucha más económica que el color). 

No obstante, el primer capítulo de “Días pasados” (publicado en octubre de 2003) establece un desenlace post-apocalíptico desde el comiendo. En vez de apoyarse en la emoción de comenzar en media res, como sucede con la mayoría de películas de zombis, vemos al mundo tal como es después de que ha ocurrido la gran tragedia. Rick Grimes, el protagonista, ha estado en coma por semanas. Cuando despierta, descubre que está abandonado en un hospital (al igual que Cillian Murphy en la sobresaliente “28 Days Later” de Danny Boyle). No le toma mucho tiempo darse cuenta de que algo malo está sucediendo. 

Como la colección recién empezaba y Kirkman no tenía cómo adivinar si es que las ventas iban a ser buenas, él sabía que tenía que contar la historia lo más rápido posible. Así que no es sorprendente que Rick encuentra a su esposa Lori y a su hijo Carl en el segundo número. Y lo que le tomó a la serie de televisión casi dos temporadas, es decir, el conflicto entre Rick y su mejor amigo Shane, quien se había estado encargando de Lori en más de un sentido, se resuelve aquí en las páginas finales del sexto número. En general, estos números tienen un montón de acción y desarrollo argumental, claramente, no hay nada aquí que se sienta lento o descomprimido.

He estado leyendo "The Walking Dead", con interrupciones, por algunos años, y creo que uno de los grandes logros de Kirkman es la forma en la que hace evolucionar a sus personajes. En estos primeros números, Rick es ingenuo, ligeramente torpe, demasiado sensible. Pero cuando todo se torna más oscuro, él cambiará considerablemente. También es interesante ver a personajes como Dale o Andrea quienes al principio son presentados meramente como parte del elenco secundario, mucho antes de que adquieran roles protagónicos.

Los primeros seis números de la colección fueron dibujados por Tony Moore, un talentoso artista que capturó impecablemente los elementos de terror de un mundo conquistado por una plaga zombi. Hay algunas páginas brillantes, especialmente aquellas que muestran grandes aglomeraciones de zombis. 

En la introducción del primer volumen, Kirkman explica sus intenciones: “Quiero explorar cómo la gente lidia con situaciones extremas y cómo estos eventos los cambian”. Tal vez eso, en resumidas cuentas, es la esencia de "The Walking Dead", no los cuerpos podridos, ni los zombis devoradores de carne, ni la violencia, la sangre o las tripas, sino más bien la reacción de la gente normal en circunstancias completamente anormales. Más aún, como las mejores películas de zombis, "The Walking Dead" nos hace cuestionar nuestra sociedad. En ese aspecto, Kirkman es fiel al legado de Romero y su saga de los muertos vivientes.

Hay, sin embargo, un punto que nunca me ha convencido del todo, y es la extensión de la colección. “The Walking Dead será la película de zombis que nunca termina”, afirma Kirkman. Y hoy en día, después de 130 números es evidente para muchos fans que el cómic está sufriendo una cierta fatiga, tanto así que de hecho ahora la serie de televisión es tremendamente más intensa y provocadora que el material original.

October 6, 2014

Outcast # 1 & 2 - Robert Kirkman & Paul Azaceta

I love horror films. I admire masters of suspense like Hitchcock and revolutionary filmmakers like George A. Romero with his unforgettable hordes of the living dead, I enjoy gore as much as the next guy, I respect Ridley Scott’s Alien and I find monsters –both old and new– enthralling. But if there is one horror subgenre that I do not like is exorcism.

Every time I make an effort and try to watch a movie about an exorcist, I get bored and I start yawning. I guess I find those movies ludicrous and unoriginal. To me, an exorcism is a bunch of superstitions held together by the faith of ignorant men and women. And I don’t find that interesting at all, not even in fiction. 

So after having said all that you’re probably wondering why did I sit down to read Robert Kirkman’s new series. After all, it is a horror comic book that centers on exorcism. Well, let’s simply say that I trust the writer’s abilities and I was sure that he wouldn’t let me down. I read the first two issues of Outcast and I must say they were good.

Probably I wasn’t particularly interested in the actual exorcism scenes, but I quickly grew fond of the rest of it. I felt the despair of Kyle, the protagonist, a depressed man who has survived after watching his loved ones being victims of demonic possession. And that’s one of the things that I find interesting about Outcast. If you think about demonic possession then you’re thinking about a victim, someone who lives with you, a beloved family member, a daughter, a son, sometimes a father, a mother, a brother or a sister. 

Being possessed by a demon is something that never happens to the protagonist of this sort of stories, the protagonist is always a participating witness, a man devoted to saving the lives of the innocent. And it is those innocents who are victims, who are possessed, who stop being a sibling or a parent to become a hollow shell temporarily inhabited by a supernatural and depraved monstrosity.   

In the first chapter “A Darkness Surrounds Him”, Kirkman introduces several characters. A reverend, Kyle’s sister and her family, and it’s the contrast between these characters that somehow highlights the miserable aspects of the protagonist’s life. And it’s a life that Kirkman builds in a way that feels honest, without exaggerations, and it’s certainly much more interesting than anything I’ve seen in an exorcism movie.

In the next chapter, “From the Shadows it Watches”, we get to see a little bit more about Kyle’s life, his past and present. There is quite a bit of intrigue regarding Kyle’s past, especially the tragic fate suffered by his mother, wife and daughter. Was he the common denominator in these devastating events? 

Although there are no horror scenes here, Kirkman doesn’t waste his pages. Instead of trying to shock the readers, the writer tries to show as much as he can about the protagonist, therefore allowing the audience to connect with Kyle. This pause is also a much needed element, so that when horror strikes back in subsequent issues the impact will be greater. It doesn’t matter if we’re talking about movies or comic books, a moment of calmness before the scary scene is always necessary.

Even if I’m not Paul Azaceta’s biggest fan, I must recognize his ability to create dark and scary scenarios, his raw style adds a necessary crudeness to this tale, and the coloring by Elizabeth Breitweiser complements Azaceta’s artistic choices quite nicely. 
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Me encantan las películas de terror. Admiro a maestros del suspenso como Hitchcock y a cineastas revolucionarios como George A. Romero con sus inolvidables hordas de muertos vivientes, disfruto de lo sanguinario como cualquier otro, respeto al "Alien" de Ridley Scott y considero a los monstruos –tanto viejos como nuevos– cautivadores. Pero si es que hay un subgénero del terror que no me gusta es el exorcismo.

Cada vez que hago el esfuerzo y trato de mirar una película sobre un exorcista, me aburro y empiezo a bostezar. Supongo que califico estas películas como ridículas y poco originales. Para mí, un exorcismo es un montón de supersticiones reunidas por la fe de hombres y mujeres ignorantes. Y eso no me parece para nada algo interesante, ni siquiera en la ficción.

Así que después de haber dicho todo esto probablemente estén preguntándose por qué me senté a leer la nueva serie de Robert Kirkman. Después de todo, es un cómic de terror que se centra en el exorcismo. Bueno, digamos simplemente que confío en las habilidades del escritor y estaba seguro que no quedaría decepcionado. Leí los primeros dos números de "Outcast" y debo decir que fueron buenos.

Probablemente no estuve particularmente interesado en las escenas de exorcismo, pero rápidamente quedé prendado del resto. Sentí la desesperación de Kyle, el protagonista, un hombre deprimido que ha sobrevivido después de ver a sus seres queridos convirtiéndose en víctimas de posesión demoníaca. Y esa es una de las cosas interesantes de "Outcast". Si piensan en la posesión demoníaca entonces están pensando en una víctima, alguien que vive con ustedes, un bienhadado miembro de la familia, una hija, un hijo, a veces un padre, una madre, un hermano o una hermana.

Ser poseído por el demonio es algo que nunca le pasa al protagonista de este tipo de historias, el protagonista es siempre un testigo participante, un hombre con una devoción por salvar las vidas de los inocentes. Y son estos inocentes los que son las víctimas, los poseídos, los que dejan de ser un hermano o un padre para convertirse en una cáscara vacía habitada temporalmente por una monstruosidad depravada y sobrenatural. 

En el primer capítulo “Una sombra lo rodea”, Kirkman presenta varios personajes. Un reverendo, la hermana de Kyle y su familia, y es el contraste entre estos personajes lo que de alguna manera resalta los aspectos miserable de la vida del protagonista. Y es una vida que Kirkman construye de una manera que se siente honesta, sin exageraciones, y es ciertamente mucho más interesante que cualquier cosa que haya visto en una película de exorcismo.

En el siguiente capítulo, “Desde las sombras nos mira”, podemos ver un poco más acerca de la vida de Kyle, su pasado y presente. Hay bastante intriga en relación al pasado de Kyle, especialmente el trágico destino sufrido por su madre, su esposa y su hija. ¿Él fue el común denominador en estos devastadores eventos? 

Aunque aquí no hay escenas de terror, Kirkman no desperdicia páginas. En lugar de intentar asustar a los lectores, el escritor trata de mostrar tanto como puede sobre el protagonista, permitiendo por lo tanto que la audiencia se conecte con Kyle. Esta pausa es también un elemento necesario, para que cuando el terror retorne en números subsiguientes el impacto sea mayor. No importa si estamos hablando sobre películas o cómics, un momento de calma antes de la escena de miedo siempre hace falta. 

Incluso si es que no soy un gran fan de Paul Azaceta, debo reconocer su habilidad para crear escenarios oscuros y aterradores, su estilo crudo añade una crueldad necesaria a este relato, y el coloreado de Elizabeth Breitweiser complementa muy bien las elecciones artísticas de Azaceta.